Entrevistas

Ludmila Bianchi, guardiana de Las Romanas

por Fémina Fútbol

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Ludmila Bianchi, arquera de Las Romanas, concedió una entrevista para Fémina Fútbol. Lo que empezó como un proceso difícil, terminó en amor y pasión por el fútbol para ciegos.

Ludmila Bianchi, arquera de Las Romanas, nació en Buenos Aires, Argentina (Partido San Isidro), un 9 de septiembre de 1999 en el seno de una madre y un padre completamente ciegos.

A sus 10 años de edad, Ludmila veía a su hermano jugar con amigos al fútbol y esto fue lo que la atrapó. Tras su interés por probar, destaca la adrenalina que conlleva el jugar al balompié y ya lo veía como su anhelo, “desde ese entonces, nunca paré. No hubo nadie que influyera”.

Historia de amor ciego por fútbol

Puesto que tanto su padre como su madre son ciegos, su juventud fue en el Instituto Román Rosell. En el barrio, Ludmila Bianchi jugaba al fútbol con sus amigos de la cuadra y también jugaban personas invidentes. Durante ese tramo, a Ludmila no le gustaba el arco, y como la mayoría de goleras, jugaba en la delantera.

Como todas estas historias, llegó el día en el que a Ludmila le tocó estar en el arco, “no era lo mío el estar quieta, pero decían que atajaba bien”. Tal vez la primera acción ciega que adquirió Ludmila fue jugar de portera, dado que no era lo suyo, sin embargo, ahí se quedó, atajando y salvando goles.

Sentía que no iba a poder lograr lo que me pedían. Aunque no me gustaba, nunca lo dejé, con el paso del tiempo me fui adaptando más, era un desafío y acá estoy siendo arquera de las Romanas y de la Selección. Me encanta, es lo mejor que me pasó en la vida.
— Ludmila Bianchi, arquera de las Romanas y la Selección.

Posteriormente, nunca soltó la portería y era la primera en levantar la mano cuando buscaban goleras. A sus 16 años, entró al Club Atlético Tigre. Esta era una gran oportunidad para Ludmila Bianchi al demostrarse como guardameta buscando una oportunidad mayor a futuro. No obstante, no duró mucho, a sus 18 años, tuvo que dejar el club.

Meses después, en el Román Rosell le preguntaron a Carlos Bianchi, su padre si Ludmila quería formar parte del arco de la institución. Tal vez esto creó un lazo de amor ciego, no sólo por jugar con mujeres invidentes, sino porque lo que inició de una manera difícil, terminó en un amor verdadero.

“Sentía que no iba a poder lograr lo que me pedían. Aunque no me gustaba, nunca lo dejé, con el paso del tiempo me fui adaptando más, era un desafío y acá estoy siendo arquera de Las Romanas y de la Selección. Me encanta, es lo mejor que me pasó en la vida”, expresa Ludmila Bianchi.

Las Romanas
Las Romanas entrenando en el Instituto Román Rosell
Las Romanas
Las Romanas entrenando en el Instituto Román Rosell

Gran reto: ser los ojos del equipo

Nunca es fácil inmiscuirse a una nueva disciplina, que pese a ser fútbol, toca acoplarse a un nuevo rol. Tampoco es fácil ser la única en el campo de juego que puede ver. “Lo principal en el juego para ciegos es la comunicación y eso tuve que trabajarlo bastante para tenerlo incorporado”, y es que no es para menos en un juego donde el oído es un elemento principal.

“Yo debo organizar las defensas, ya que ellas me ayudan a evitar un gol, la arquera es la que manda adentro de la cancha”, primero, es darse cuenta del rol tan importante que recae en las goleras. El rol del arquero es el más difícil, si atajas, te felicitan, pero te cobran si no salvas un gol.

“Jugando con ciegos tengo que hablar todo el tiempo, soy como sus ojos. Debo guiarlas siempre diciéndole para dónde se tienen que mover, dónde y quién tiene la pelota”, es la principal diferencia que recae en el fútbol para ciegos.

Este fue un gran reto para Ludmila Bianchi, el tratar adaptarse a las nuevas reglas. No es lo mismo jugar 11 contra 11 que cinco contra cinco, no es lo mismo jugar con saques de banda, a jugar con vallas rodeando el campo de juego, ni jugar 45 minutos por tiempo a disputar 30 por tiempo.

¿Cómo entrenan las Romanas?

Evidentemente, todo se ha puesto más complicado con la inesperada llegada del COVID-19 que ha mermado actividades deportivas. Sin embargo, en el entorno de las Romanas, los entrenamientos han seguido gracias a los aplicativos móviles como Zoom. Antes de la cuarentena, las sesiones eran de 2 horas compuestas por movimientos articulares, juego con el balón, después tiros al arco desde varias partes del campo de juego y finalizaban con un partido de 50 minutos.

Con la pandemia, las sesiones han continuado vía Zoom con distintos circuitos de ejercicios. Ludmila también debe hacer ejercicios de tirarse al piso como si estuviesen en el arco. Así trabajan flexibilidad y de esa manera, agudizan en la importancia de la movilidad.

Quiero llegar a dirigir mi propio equipo de fútbol para personas ciegas. Las Romanas me hicieron dar cuenta lo que realmente quiero llegar a hacer, poder enseñarles, poder compartir sentimientos y transmitir que nada es un obstáculo. Mi sueño es ser como Darío Lencina, con él crecimos más como un equipo. Cada día lo veo como un ejemplo a seguir y siempre trato de aprender con todo lo que nos enseña”.
— Ludmila Bianchi, arquera de las Romanas y la Selección.

Aparte, también utilizan el tiempo para analizar videos de partidos. “Eso está muy bueno porque aprendemos y a la vez vemos los errores que tenemos para corregirlos el día que tengamos que demostrarlo en cancha”, cierra Ludmila Bianchi.

Estos entrenamientos no son en vano, son para prepararse de cara a los partidos de la liga. El fixture se organiza con tres encuentros por cada institución, en cada fecha se realizan tres partidos el mismo día para que todos jueguen con todos, puesto que sólo existen hasta la fecha tres clubes.

Si se gana un partido, se suman tres unidades, uno si se empata y ningún punto al perder. En el caso de empate de unidades, el primer lugar se define por cantidad de goles.

La Selección Nacional

Está más que claro que uno de los sueños de cualquier futbolista es representar a su país deportivamente. El cuerpo técnico de la Selección atendió a algunos partidos en el Instituto Román Rosell el 27 de julio de 2019.

Pasaron los días y a Ludmila le llegó un correo que decía que estaba convocada a la primera convocatoria el 20 de noviembre de 2019. Ahí mismo, se encontraba el listado oficial de un anhelo: representar al país en la disciplina que aprendió a amar.

Tras la concentración, retroalimentaron a cada futbolista en temas que debían mejorar, lo negativo y lo positivo. También, manifestaron quiénes quedaban para la próxima fecha.

Primera concentración de la Selección de Fútbol Femenino para Ciegas.
Primera concentración de la Selección de Fútbol Femenino para Ciegas.
Primera concentración de la Selección de Fútbol Femenino para Ciegas.
Primera concentración de la Selección de Fútbol Femenino para Ciegas.

Madre e hija

Bianchi no está sola en el club. Su madre, Carla Peraza, invidente a sus 7 años de edad también juega en las Romanas como defensora. La relación entre arquera y zaguera es de la manera más profesional, “cuando estamos en la cancha no mezclamos el vínculo, como arquera tengo que guiarla o retarla en el momento de un partido y lo hago sin problemas. Tenemos un objetivo en común y sabemos que somos un equipo”, mantiene la Ludmila sobre su relación.

Profesional en todo sentido, Ludmila y Carla se retroalimentan cuando es necesario corregir errores. “Como hija y su arquera trato de darle recomendaciones o trucos para que pueda mejorar y sea una buena jugadora”, además, resalta la importancia para que ambas crezcan, “me pone muy feliz que pueda compartir algo que me guste con ella”.

No obstante, también hay un espacio para las risas. Darío Lencina bromea con la relación entre Carla y Ludmila en la cancha. Cuando Bianchi la reta, Lencina le dice a Peraza que no le dé de comer.

Las Romanas, dirigidas por Darío Lencina, con Ludmila Bianchi y su madre, Carla Peraza en el equipo.
Las Romanas, dirigidas por Darío Lencina, con Ludmila Bianchi y su madre, Carla Peraza en el equipo.
Las Romanas, dirigidas por Darío Lencina, con Ludmila Bianchi y su madre, Carla Peraza en el equipo.
Las Romanas, dirigidas por Darío Lencina, con Ludmila Bianchi y su madre, Carla Peraza en el equipo.

Un sueño contundente

“Mi mayor sueño es poder llegar a ser una gran arquera”, el fútbol para ciegos le ha dado todo a Ludmila Bianchi, y ella quiere seguir de la mano con esta disciplina. Su juventud la ayuda, pues apenas son 19 años y todavía tiene mucho fútbol por delante con las Romanas, pero su sueño es latente.

“También quiero llegar a dirigir mi propio equipo de fútbol para personas ciegas. Las Romanas me hicieron dar cuenta lo que realmente quiero llegar a hacer, poder enseñarles, poder compartir sentimientos y transmitir que nada es un obstáculo”, agrega Ludmila, “mi sueño es ser como Darío Lencina, con él crecimos más como un equipo. Cada día lo veo como un ejemplo a seguir y siempre trato de aprender con todo lo que nos enseña”.

Sin duda alguna, el fútbol, y más el femenino está lleno de cosas bonitas. Es una lucha incesante por oportunidades, pero nada, como lo es el fútbol para invidentes. Aunque Ludmila Bianchi sea vidente, comparte equipo en un gran club que siempre estará con una motivación latente partido a partido. Un amor ciego llegó para Ludmila y no lo cambia por nada en el mundo.

FUENTE Fémina Fútbol
feminafutbol.com

FUENTE Fémina Fútbol
feminafutbol.com